diumenge, 30 de maig de 2010

La Isla - Shiva - Ying i yang - vida i mort

Aquests dies, coincidint amb altres successos, estic rellegint un llibre que, fa temps em va impactar. La Isla de l'Aldous Huxley.

Vaig penjant algun bocí al FB. En aquest cas, el bocí es una mica grandet i, per tant, no el puc penjar al FB, per la qual cosa el penjo al blog i penjo l'enllaç al FB. El "bocí" en qüestió té relació, a més, amb el que he comentat en el darrer post.

"En voz muy baja, el doctor Robert comenzó a hablar sobre Siva-Nataraja, el Señor de la Danza.

-Vean esta imagen -dijo-. Mírenla con los nuevos ojos que les ha dado la medicina moksha. Vean como respira y palpita, como surge de la luminosidad hacia luminosidades más intensas. Como danza y danza en todos los mundos al mismo tiempo. Mírenlo.

Will escudriñó los rostros levantados y advirtió, ora en uno, ora en otro, las nacientes iluminaciones del placer, del reconocimiento, de la comprensión, los signos de la adoración asombrada que temblaba al borde del éxtasis o el terror.

-Miren con atención -insistió el doctor Robert-. Miren con más atención aún. -Luego, al cabo de un largo minuto de silencio-: Baila en todos los mundos a la vez -repitió-. En todos los mundos. Y antes que nada en el mundo de la materia. Miren el gran halo redondo, orlado de los símbolos del fuego, dentro del cual danza el dios. Representa a la naturaleza, el mundo de la masa y la energia. Dentro de él Siva-Nataraja baila la danza del Interminable nacimiento y desaparición. Es su lila, su juego cósmico. Juega por el juego mismo, como un niño. Pero este niño es el Orden de las Cosas. Sus juguetes son las galaxias, su campo de juegos es el espacio infinito, y entre dedo y dedo cada intervalo es de mil millones de años luz. Mírenlo, ahí, en el altar. La imagen ha sido hecha por el hombre, es un pequeño artefacto de cobre, de un metro veinte de alto. Cierren los ojos y veanlo erguirse en la noche, sigan la ilimitada extensión de esos brazos y del revuelto cabello infinitamente agitado. Nataraja juega entre las estrellas y en los átomos. Pero además -agregó-, además juega dentro de cada cosa viviente, de cada criatura sensible, de todos los niños, hombres y mujeres. Juega por el placer del juego. Pero ahora el campo de juego es consciente, el piso del salón de baile es capaz de sufrimientos. A nosotros este juego sin objeto nos parece una especie de insulto. En realidad nos agradaria un Dios que no destruyese lo que ha creado. O si tiene que existir dolor y muerte que sean distribuidos por un Dios de rectitud, que castigue a los malvados y recompense a los buenos con la eterna dicha. Pero en realidad los buenos son heridos, los inocentes sufren. Entonces que haya un Dios que simpatice y traiga consuelo. Pero Nataraja no hace más que danzar. Su juego es un juego impartcial de muerte y vida, de todos los males y todos los bienes. En su mano derecha superior sostiene el tambor que llama al ser desde adentro del no ser. Rataplán... el tamborileo de la creación, la diana cósmica. Pero ahora miren la mano izquierda superior. Blande el fuego con el cual todo lo que ha sido creado es destruido. Danza de esta manera... ¡y que dicha! Danza de esta otra... y, ¡oh, que dolor, que espantoso miedo , que desolación! Y brinca, salta y hace una cabriola. Brinca hacia la perfecta salud. Salta hacia el cáncer y la senilidad. Hace una cabriola para salir de la plenitud de la vida y caer en la nada, y para salir de la nada y caer de nuevo en la vida. Para Nataraja todo es juego, y el juego es un fin en si mismo, eternamente carente de sentido. Danza porque danza y la danza es su maha-suja, su infinita y eterna bienaventuranza. Eterna Bienaventuranza -repitió el doctor, y una vez más, pero con tono de interrogación-: ¿Eterna Bienaventuranza? -Meneo la cabeza-. Para nosotros no hay bienaventuranza; solo la oscilación entre la dicha y el terror, y una sensación de ofensa ante el pensamiento de que nuestros dolores son tan parte integral de la danza de Nataraja como nuestros placeres, nuestra muerte como nuestra vida. Pensemos en eso, en silencio, durante un rato.

Pasaban los segundos, el silencio se hacia más profundo. De pronto, sorprendentemente, una de las muchachas rompió a sollozar. Vijaya abandonó su lugar y, arrodillándose juntoa ella, le posó una mano en el hombro. Los sollozos se apagaron.

-Sufrimientos y enfermedad -continuó el doctor al cabo-, vejez, decrepitud, muerte. Os muestro la pena. Pero eso no fué lo único que nos mostró Buda. También nos mostró el final de la pena.

-Shivanayama -exclamó el anciano sacerdote con tono triunfal.

-Abran los ojos y miren a Nataraja, allí arriba, en el altar. Miren con atención. En la mano derecha superior, como ya han visto, tiene el tambor que llama al mundo a la existencia, y en la mano superior izquierda lleva el fuego destructor. Vida y muerte, orden y desintegración, imparcialmente. Pero ahora miren las otras dos manos de Siva. La inferior derecha está levantada, con la palma vuelta hacia afuera. ¿Que significas ese ademán? Significa <>. ¿Pero como es posible que nadie que tenga un poco de sensatez deje de tener miedo? ¿Como es posible fingir que el masl y el sufrimiento están bien, cuando resulta tan evidente que están mal? Nataraja tiene la respuesta. Miren ahora su mano inferior izquierda. La usa para señalar a sus pies. ¿Y que hacen sus pies? Miren con atención y verán que el pie derecho está plantado de lleno sobre una horrible y pequeña criatura subhumana: el demonio, Muyalaka. Muyalaka, un enano, pero inmensamente poderoso en su malignidad, es la encarnación de la ignorancia, la manifestación de la ávida y posesiva yoidad. ¡Písenlo, quíebrenle el espinazo! Y eso precisamente hace Nataraja. Pisotea al pequeño monstruo con su pie derecho. Pero adviertan que lo que señala con el dedo no es ese pie derecho, sinó el izquierdo, el pie que, mientras danza, ha elevado del suelo. ¿Y por qué lo señala? ¿Por qué? Ese pie en alto, ese desafío danzante de la fuerza de la gravedad... es el símbolo de la liberación, de la moksha. Nataraja baila en todos los mundos al mismo tiempo... en el mundo de la física y de la química, en el mundo de la experiencia común, demasiado humana, y por último en el mundo de la Talidad, del Espíritu, de la Clara Luz. Y ahora -continuó el doctor luego de un momento de silencio- quiero que miren la otra estatua, la imagen de Siva y la diosa. Mírenlos, allí, en su cuevita de luz. Y ahora cierren los ojos y vuelvan a verlos... brillantes, vivos, glorificados. ¡Cuan hermosos! Y en su ternura, ¡que profundidades de significación! ¡Que sabiduría, más allá de todas las sabidurías habladas, en la experiencia sensual de la fusión espiritual y la expiación! La eternidad en amor con el tiempo. Lo Uno unido en matrimonio a lo mucho, lo relativo convertido en absoluto por su unión con lo Uno. El Nirvana identificado son samsara, la manifestación en el tiempo y en la carne y en la sensación del Buda naturaleza.

-Shivanayama. -El anciano sacerdote encendió otra barrita de incienso y con suavidad, en una sucesión de prolongados felismas, comenzó a canturrear algo en sánscrito. En los jóvenes rostros que tenia ante sí, Will pudo leer las señales de una sertenidad que escuchaba, la sonrisa apenas perceptible, extática, que saluda una repentina percepción interior, una revelación de verdad o belleza. Entretanto, en el fondo, Murugan estaba pesadamente recostado contra una columna, escarbándose la nariz exquisitamente griega.

-Liberación -recomenzó el doctor Robert-, el final de la pena, deja de ser lo que ignorantemente piensan que son, para convertirse en lo que son en realidad. Durante un rato, gracias a la medicina moksha, sabran qué es ser lo que es en realidad, lo que en rigor siempre han sido. ¡Que dicha intemporal! Pero, como todo lo demás, esta intemporalidad es transitoria. Como todo lo demás, pasará. Y cuando haya pasado, ¿que haran ustedes con esa experiencia? ¿Que harán con todas las otras experiencias similares que la medicina moksha les hará reconocer en los años por venir? ¿Las gozarán simplemente, como se gozaria de una velada en una pantomima de títeres, para volver luego a sus ocupaciones de costumbre, para volver a comportarse como los tontos delincuentes que creen ser? ¿O después de haber entrevisto dedicarán sus vidas a la ocupación en modo alguno habitual, de ser lo que son en realidad? Lo único que nosotros, los mayores, podemos hacver con nuestras enseñanzas, lo único que Pala puede hacer por ustedes con su orden social, es proporcionarles las técnicas y las oportunidades. Y lo único que la medicina moksha puede hacer es proporcionarles una sucesión de visiones beatíficas, una hora o dos, de vez en cuando, de esclarecimiento y gracia liberadora. A ustedes les toca decidir si colaborarán con la gracia y aprovecharán esas oportunidades. Pero eso queda para el futuro. Aquí y ahora, lo único que tienen que hacer es seguir el consejo del mynah: ¡Atención! Presten atención y verán que, gradual o repentinamente, adquieren conciencia de los grandes hechos primordiales representados por esos símbolos del altar."

1 comentari:

Anònim ha dit...

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