dissabte, 21 de juliol de 2007

Adolfo des d'Israel (5)

Martes, 17 de julio

Un puñado de activistas venidos de Europa y Estados Unidos toman parte en el campamento instalado por el Comité Israelí contra la Demolición de Casas (ICAHD) y, con mayor voluntad que conocimientos, se afanan en la reconstrucción de una casa de un barrio árabe de las afueras de Jerusalen (o sea, que ni siquiera forma parte de los territorios ocupados) que tuvo la mala fortuna de haber sido edificada demasiado cerca de alguno de los muchos muros que se construyen en este país, lo que significo su sentencia de muerte. Lo peor es que ni siquiera existe la certeza de que no le aguarde el mismo final una vez que su reedificación haya sido completada. El ritmo actual de demolición de casas es de unas 400-500 al año y, por tanto, la heroica labor que desempeña el ICAHD y, entre ellos, Meir Margalit no es mas que la luz de un simple fósforo en la noche. Entre los voluntarios que durante 15 días de este verano le acompañan en tarea, se encuentran veteranos y veteranas de muchas causas perdidas, juventud con mucho animo y disposición para imaginar y crear otro mundo menos asqueroso y, como no podía ser menos y esto ultimo ya lo adelanto Isaac en una memorable asamblea que se celebro en la Lokeria hace ya demasiados años, algún que otro personal que debería preocuparse muy seriamente de arreglar sus propios problemas antes de intentar solucionar los ajenos.
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-Han tardado veinte minutos en destruir lo que a ellos les costo veinte años levantar. Meir Margalit pronuncia la sentencia instalado en un cercano montículo y después de observar como un buldózer ha demolido una casa árabe sin que se inmutara ningún miembro del convoy militar que le acompañaba y 'protegía'. La única amenaza posible son las cuatro piedras que la chavalada palestina les lanzará mas tarde mas como forma de demostrar su ira y desprecio que como un ataque digno de tal nombre. Sin duda, lo peor de la violencia es cuando adquiere un carácter cotidiano. Es entonces cuando ha conseguido el objetivo de aquellos que la ordenan: hacer creer que las cosas son así porque deben ser así.