dimecres, 18 de juliol de 2007

Adolfo des d'Israel (4)


Lunes, 16 de julio

Jerusalén es una de esas ciudades del mundo que uno tiene que visitar en su vida. Y punto.
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Sin ni siquiera salir de la estación de autobuses, hemos comenzado a ver soldados provistos de fusiles ametralladores con una frecuencia inusitada en Tel Aviv. Allí habíamos padecido la obsesión por la seguridad (véase al efecto las inspiradas crónicas que le esta dedicando mi compañero de viaje) en forma de controles en la puerta de centros comerciales, edificios públicos y supongo que museos en caso de haberlos visitado, pero no esta presencia armada intimidante y abrumadora. No hay que olvidar que los territorios palestinos están prácticamente aquí al lado (Ramala, capital virtual de un país imposible, dista 15 Km. de Jerusalén) y que Israel ocupo la parte este de la ciudad en 1967, hasta entonces bajo dominio jordano, o palestino (no me preguntéis por la actitud hacia el pueblo palestino de los gobiernos árabes vecinos. El tema ha dado para multitud de libros y análisis, y de poder y querer leerlos, posiblemente sacaríamos mas mierda que otra cosa). Una vez mas, pues, la necesidad de reafirmar el poderío militar.
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Estando hoy en el Muro (otro mas, y van...) de las Lamentaciones, un tipo con aspecto de rabino me ha preguntado que idioma hablaba. Cuando se lo he dicho, el me ha vuelto a preguntar si mi madre era cristiana. Le he respondido afirmativamente y me/le ha dado su bendición. He recordado entonces que la religión judía se transmite por vía materna; o sea, es judío el hijo de madre judía, independientemente del credo del padre. Restos de matriarcado en una sociedad machista o intento de asegurar -no me hagáis hablar- la pureza de sangre?